4. Ética Política y Comportamiento Humano

Empecemos por la definición más generalizada de los dos conceptos filosóficos.

Ética: “Es la parte de la Filosofía que trata de la valoración moral de los actos humanos o conjunto de principios y normas morales que regulan las actividades humanas”

Dignidad: “Calidad de digno”. Seriedad y decoro de las personas en la manera de comportarse.

¿Es ético y honesto qué una mayoría parlamentaria cambien los derechos de los trabajadores conquistados a través de los años?

A  las personas se les exigen que sean honestas en su comportamiento diario, a los políticos y servidores públicos, es una obligación imperativa. Nadie puede estar en política sino es honesto. A lo público se llega para servir a los ciudadanos y no para servirse de ellos. Un servidor de lo Público, tiene que estar orgulloso de haber sido designado por sus conciudadanos para que los representen en la tarea pública. Por tanto, debe rendir cuentas periódicamente de su gestión y tiene que estar sometido a su control. El cumplimiento del programa electoral es la piedra filosofal de todo comportamiento honesto y ético. El género humano, las personas tendemos a desviarnos con demasiada frecuencia de los razonamientos y propuestas que hacemos a lo largo de nuestra existencia. El tiempo es nuestro mayor juez; pero el tiempo va minando poco a poco nuestra resistencia a caer en fallos que a la larga se convierte en vicios, y de los vicios a la corrupción, hay tan solo varios escalones fáciles de saltar. Para evitar estos males en los cargos públicos hay que prevenirlos de antemano. Fundamentalmente varias son las premisas que se requieren:

1.- Tener un programa de gobierno claro y conciso.

2.- Limitar el tiempo del cargo público (soy partidario de una sola legislatura)

3.- Limitar la retribución del cargo público.

4.- El control democrático de sus votantes.

Teniendo claro que por encima de todo está “el programa electoral” nadie resulta imprescindible y todos somos necesarios.

Jonás Flores.

Esta entrada fue publicada en ÉTICA POLÍTICA. Guarda el enlace permanente.