La religión o la gran mentira.

Como muy bien dijo Vladínir Ilich Uliánov, (Lenin) la religión es el opio del pueblo. Para mí, aparte de lo anterior, una vaga ilusión sin fundamento racional que nos hace menos libres y más tontos. Una gran mentira muy bien orquestada. ¿A quién no le gustaría que existiese otra vida mejor después de la muerte? Es de género idiota pensar lo contrario. ¡Ay mis pobres ilusos! Demasiado bonito para ser verdad. Hace tiempo aprendí que la religión, es una forma de ganarse la vida como otra cualquiera. Mejor dicho: de vivir toda la vida a costa de los demás.

Analicemos por un momento donde viven los grandes ministros de las distintas religiones que existen en el planeta. Y os daréis cuenta que la inmensa mayoría de sus “popes” viven en lujosos palacios y buenas casas, y además, no pagan impuestos por ellas.  Me eduqué los primeros años de mi vida con religiosos. Los que no eran abusadores de niños, eran fornicadores compulsivos. Esto ocurría en casi todos los seminarios y conventos de religiosos que investigué. Y no sólo en España, sino fuera de nuestras fronteras. Los religiosos que yo conocí, todos los días pecaban y todos los días se arrepentían de sus pecados. ¡Un auténtico chollo, así cualquiera peca! Un día me encontré al cura que nos daba religión follándose a una monja de clausura. Aunque debo confesar que, resultó muy excitante ver a la monja con el culo en pompa;  desde entonces me hice muchas preguntas y empecé a darme cuenta que todo era pura hipocresía. Llegué a la conclusión que la gran mayoría de religiosos son los primeros que no creen en nada. Es cierto que muchas personas se creen las pantomimas que le cuentan: otra vida, el cielo o paraíso, el infierno…, pero son aquellos que han sido mediatizados en escuelas de pensamiento religioso como: hinduismo, budismo, judaísmo, cristianismo, islamismo y sus diferentes tendencias o ramas. O bien, espíritus sencillos y débiles que controlan y abusan de ellos. Recomiendo a todas estas personas que se lea el libro: Las Ruinas de Palmira, de Volney. La última vez que me confesé se debió a lo siguiente: “jugando un campeonato sectorial de balón mano en Córdoba, compartimos vestuarios con el equipo contrario (Hermanos Maristas de Córdoba),  donde también abusaban de los alumnos. Cuando nos cambiamos para jugar el partido, vimos varios cinturones de piel de cocodrilo del equipo contrario y cogimos dos cinturones.  Aparte de follón que se armó dentro del vestuario, pudimos sacar  los cinturones metidos en fiambreras de aluminio entre la comida. Días más tarde, el remordimiento nos pudo, y confesamos el hurto. El cura que me confesó me dijo que para absorberme el pecado cometido tenía que rezar: diez padres nuestro, cinco aves marías y dos credos. Y por supuesto, devolverle la correa a su legítimo dueño. Le contesté: que no sabía de quién era la correa. Entonces me dijo: ¡A mí hijo, a mí! Acojonado, le hice caso. Semanas más tarde, el cura que me confesó, llevaba puesto el cinturón de piel de cocodrilo”. ¡Toma penitencia! La penúltima duda que tuve sobre otra vida, me la resolvió un cura haciendo la mili. Le dije, que un hermano mío había muerto con tan solo un año, y que si lo vería en la otra vida. La respuesta fue: ¡Eso en el cielo vamos a montar una guardería para todos los niños que mueren! ¡Eres idiota perdido!  A pesar de todos y dicho lo anterior, la religión no será prohibida en la Sociedad a la que yo aspiro, pero solo se manifestará en el ámbito de la esfera privada. Nadie hará mal uso de la ignorancia o de la buena fe de las personas. Algunas ocurrencias de la gente que cree en milagros: El Espíritu Santo, engendró a María. Los reyes son perpetuos por derecho divino. La virgen del Rocío solucionará el paro. El espíritu Santo, obró la unidad de España… y Santiago Apóstol nos libró de los moros. ¡Viva la Virgen! 

 

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